Durante años observé con ojos impotentes a muchos jóvenes en mi iglesia su doble vida que llevaban. No entendía el poco compromiso que tenían con Cristo en los asuntos espirituales y a eso se sumaba el mal testimonio que relucían fuera de la iglesia. Los líderes orábamos por ellos, visitábamos, hasta inclusive discipulábamos, pero despues de un tiempo se alejaban de la iglesia hacia su vida pasaba. Quizás no hicimos un buen trabajo de consolidación y discipulado o quizas no tuvimos la capacidad de influenciarlos hacia la madurez en Cristo, pudo habernos faltado muchas cosas de eso estoy seguro, pero les enseñamos lo básico, pero aun así no respondían como quisiéramos, aveces era frustrante.
En ese contexto de altibajos entre el ministerio de jóvenes de mi iglesia, es donde Dios pone en mi corazón observar al mundo adolescente que se encontraba dentro de mi iglesia (un grupo pequeño de 6 adolescentes) y los que se encuentran fuera de mi iglesia (un gran número).
Interesándome más por el mundo adolescente, me di cuenta que los adolescentes tanto en la iglesia, como también en la sociedad son los menos atendidos, menos comprendidos y menos ayudados. Al suceder esta desatención por medio de quienes deberían preocuparse por los futuros jóvenes (la iglesia, la sociedad) es donde los adolescentes recurren a lo más facil: imitar patrones de conducta que no son propia de su edad, liderados por la música, la televisión, los amigos, pandillaje, droga y cuanta cosa existe en la calle. Esta falta de orientación de los adolescentes por parte de la Iglesia principalmente, hace que el adolescente crezcan con hábitos y valores contrarios a la Palabra de Dios y cuando llegan a la juventud ellos ya han experimentado cosas que no nos podemos imaginar; y es asi como llegan a la Iglesia y es muy difícil (no imposible, pero si toma mucho tiempo) revertir esos valores asimilados en la adolescencia principalmente.
EN CONCLUSIÓN: 
Alcanzar, orientar y discipular a los adolescentes (12-18años), constituye para mi la base para un ministerio juvenil comprometido con Cristo, porque ellos en esa edad son muy vulnerables y muy receptores de las cosas buenas y malas y estan en una búsqueda constante de una identidad y de modelos dignos de imitar y al no encontrarlos en la iglesia y en su hogar, se van tras los modelos reprobados que abundan en los medios de comunicación de las cuales todos sabemos.
¿Estas pasando por esta misma experiencia y quieres tener un ministerio de jóvenes maduro? Empieza desde "abajo" (si es que lo es), empieza desde donde empieza el problema, empieza a alcanzar, orientar, discipular a adolescentes aunque estos sean los más olvidados en la Iglesia. Adelante...

Jesús lo hizo y lo haría hoy...
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L.A.C.U.MIS. - "Líderes Adolescentes con una Misión"
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