En la vida, afrontamos tan graves y dolorosos problemas, los cuales resultan, de nuestras relaciones interpersonales, a nivel familiar y laboral. Sucede que, no hay hombre o mujer de cualesquier edad, que tenga heridas emocionales, por haber sido ofendido. Es toda una vivencia traumática, el asunto de perdonar.
De allí que enfrentamos gran inquietud y surgen las siguientes interrogaciones:
¿Por qué cuesta tanto perdir perdón?
¿Por qué es tan difícil perdonar?.
Apreciados navegantes: Amigo, amiga:
Para explicar el perdón, conviene referirse antes a la antesala de éste. Es necesario hablar un poco acerca del momento del conflicto o del problema. Es ese el instante crítico. Todo este drama de enmistades, de culpa y de perdón aparece con la entrada del pecado en la raza humana. El pecado destruyó la relación del hombre con Dios y también se destruyeron las relaciones interpersonales. Todo comenzó así:
"Y Dios le dijo (a Adán)...¿Has comido del árbol que yo te mandé no comieses?
Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y yo comí"(Géne.3:11,12)
¡Este es el comienzo de la relaciones rotas entre los mismos hombres!
Nosotros cada día nos cruzamos con nuestras cargas emocionales y tenemos roces. Nuestra naturaleza caída activa toda la carga de negatividad que llevamos dentro. Se enardecen las pasiones. Se soliviantan los ánimos y temperamentos. Todos los días, caemos en habladurías, en juicios a priori y en murmuraciones. Las expresiones hirientes y las palabras corrompidas son común denominador del diario vivir..
Se deforman los intereses y aún los ideales, las metas y los proyectos.
Por esto es que tenemos fricciones, pleitos, situaciones de tirantez y conflicto, ya que nuestras relaciones con los demás dependen de nuestro corazón, de lo que llevamos dentro y de nuestra relación Vertical con el Supremo Dios.
Unos se sienten heridos y ofendidos, otros se saben malentendidos o traicionados.
Cada quien se considera víctima, y ninguno asume la culpa.
Nunca tendremos relaciones interpersonales profundas, edificantes, duraderas y productivas, sino hemos sacrificado el ego, el Yo, con toda su vasta emotividad y rebeldía. Y esto no lo lograremos jamás, a menos que hayamos vivido la experiencia del Perdón Divino.
Marcos Vidal nos interpreta una preciosa canción en la que reconoce haber recibido ese perdón divino.
Las consecuencias del conflicto son tan graves y profundas que comprometen la salud, la mente y el espíritu de cada persona involucrada.
El mundo está lleno de personas que van cargando en sus vidas resentimientos, decepciones, rencores, frustraciones, ansiedades, odios, venganzas y sufrimientos, pues en el interior de cada persona se rompe algo, queda una desazón, una angustia que derivan en depresión y enfermedad física o mental porque cobran fuerza las actitudes depresivas, neuróticas y enfermizas; acompañadas de tristeza, y dolor.
Además se carga con el peso de la autojustificación, por el que no se reconoce el error, o el grado de responsabilidad y la conducta se distorsiona. Por ejemplo, en la psicología moderna se habla del Mecanismo de la Proyección, por el cual pretendemos deshacernos de nuestros propios errores o problemas cargándolos a otros. Dicen los psicológos que esto es un artificio del subconsciente. También se menciona el mecanismo de negación, que consiste en negar, en ocultar o en callar la falta, el error o el pecado.
La Biblia nos relata como el rey David reconocía en si mismo ese mecanismo de negación, diciendo:
"Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día...
Se volvió mi verdor en sequedades de verano..."(Salmo 32:3,4)
No es raro querido oyente encontrar que muchas enfermedades físicas tienen su origen en los conflictos interpersonales.
En fin hay tantos mecanismos de conducta como recursos tiene el corazón engañoso del hombre.
La amargura y el rencor, se levantan como fortalezas y las vidas se consumen descendiendo hacia precipicios tenebrosos de odio, de venganza y de resentimiento. Abundan familias enteras que se odian y que nunca pueden tener la hermosa experiencia del perdón.
Callar la ofensa cuando uno ha sido el agresor, es dañino para uno mismo.
Por otro lado, cuando es ofendido, permitir que la amargura eche raices en nosotros, es un precio muy alto que tarde o temprano tenemos que pagar.
Y sino, dime tú, ¿Por qué son tan populares las clínicas psiquiátricas, los sicólogos, los hospitales para enfermos mentales, las llamadas casas de reposo, los sedantes, los antidepresivos o los somníferos?
Sencillamente, porque tanta carga negativa como son las contiendas, pleitos, ofensas, chismes, detracciones, cuentos, murmuraciones o calumnias, es como una mole pesada de hierro o de piedra que dobla la humanidad imperfecta y dañada del hombre.
Todo esto es obra de su único y gran enemigo, esto es el diablo, por que, como dice el Señor Jesús:
"El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir..."(Juan 10:10)
Y así es , desde el día que el diablo apareció en el Edén, lo hizo para robarle al hombre su alegría, su paz, su armonía y su felicidad junto a Dios.
Por eso los seres humanos somos seres muy complejos, porque al pecar nuestro ego se revela contra Dios y nos constituimos en nuestros propios amos, separándonos de Dios. Nos convertimos en artífices de nuestra propia vida, en jueces para condenar a otros y en delincuentes para dañar a otros.
El mundo está lleno de corazones quebrantados, de gente llena de temores, fobias y miedos; lleno de gente con complejos, con sus propias luchas internas y también de sordas ambiciones mezquinas y mucho de esto o todo lo transferimos a otras personas, llegando a tener relaciones muy difíciles con los demás.
Los conflictos familiares y los conflictos laborales son las estrategias elementales del engañador, para conducir a las almas a la muerte... y muerte eterna, por cuanto miles y miles de personas mueren a diario por estas causas y se llevan a la tumba sus odios, sus rencores y sus heridas. ¡Y así mueren eternamente!. Muchos no alcanzamos a entender lo terrible de esta situación.
La respuesta es clara amigos. Nuestra responsabilidad moral frente al perdón en muy grande. Tal responsabilidad llega hasta donde la voluntad y la razón tienen capacidad de influencia. Perdonar es accionar la voluntad, más que los sentimientos.
Cada ser humano, se da cuenta de la realidad, de los hechos y de las circunstancias. ¡Somos conscientes de nuestro error o falla!
Todos nos damos cuenta de lo que hacemos o de lo que sentimos.
Pero no basta decir "Lo lamento", para luego justificar nuestras acciones. Procediendo mál, invocamos a Dios, y tejemos excusas.
Conviene distinguir entre la sincera voluntad de pedir perdón o perdonar y los sentimientos personales de orgullo y de rencor.
Humanamente somos responsables de los hechos, mucho más si hemos ofendido, y mayor compromiso es pedir perdón como también perdonar, y para ello tenemos que olvidar.
Entonces cuando queremos perdonar nos encontramos con el escollo de no querer o no poder olvidar, por eso es que se escuchan frases como estas: "Perdono pero no olvido", "pero, ya son muchas las que me ha hecho", "te perdono pero... bien lejos contigo".
En otras ocasiones los sentimientos de venganza son tan vehementes que se vive bajo la antigua ley del "Ojo por ojo y diente por diente", y así decimos o escuchamos: "el que me la hace la paga", desarrollando la idea de la venganza o del desquite, creando un estado mental y espiritual predispuesto a actuar con maldad.
Por responsabilidad moral ¿Acaso no será tiempo de que entierres las pasadas malas acciones de otros y olvides lo ocurrido?
Tal vez, al perdonar digas, ¿Por qué debo tratarlo decentemente después de lo que me hizo? ¡Se lo merece!
Pues bien, si se lo merece, déjalo en manos de Dios.
Si alguien te ha ofendido y herido, la herida está allí y duele.
Conviene cicatrizarla con el perdón, de lo contrario, se convierte en una raíz profunda que con el paso de los meses y de los años, degenerará en extensas ramificaciones afectando toda tu vida. Y lo que es más grave te impide alcanzar el amor de Dios.
Desde la salida del sol y hasta la puesta del sol, aún hasta la almohada llevamos a cuestas el dolor de la herida y también de la culpa.
Dios no quiere que los hombres vivan arrastrando pesadas cargas de culpa o profundas raices de amargura, por eso dijo:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28)
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Ingrese¿Cuál es la importancia del olvido en el perdón?
Pues bien, el olvido es el componente fundamental en el perdón, pues el olvido es el signo de que no quedaron rezagos o escombros de la ofensa.
Sin embargo, la mayor confrontación que tiene el corazón humano es aferrarse a sus recuerdos y no querer olvidar.
Porque es tan dificil olvidar cuando nos hacen mal, cuando nos juzgan mal, cuando nos dicen cosas hirientes, cuando nos abandonan, cuando nos dejan perecer y no nos dan un aliento. Las vivencias son más fuertes y por lo mismo es una dura batalla el olvidar.
La Palabra de Dios, presenta muchos casos de perdón y olvido, por ejemplo el caso de José hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron, como narra el libro de Génesis:
"...sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas, por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto"(Génesis 37:28)
José tenía razones suficientes para dar lugar a la amargura y al resentimiento. No solo que sus hermanos lo odiaron y lo vendieron como esclavo, sino que además la esposa de su patrón lo acusó falsamente de un serio crimen e hizo que lo arrojasen en una prisión egipcia. Luego un oficial del gobierno le prometió tratar de obtener su liberación, pero se olvidó de él y lo dejó pudriéndose en la carcel.
A pesar de todo José no permitió que ninguna raíz de amargura se arraigara en su vida.
José vió la mano de Dios sobre él y sobre sus problemas y se negó a culpar a otros de lo que le había sucedido.
Cuando nació su primer hijo, le puso el nombre de Manasés, que significa olvidar, dando a entender que Dios le había hecho olvidar la angustia de su juventud y la pérdida del hogar de su padre. José no sólo perdonó a sus hermanos sino que nunca les recriminó su perverso proceder.
No olvidar querido amigo, es arrastrar con el fatalismo, el cual ha llevado al hombre a vivir tragedia tras tragedia, error tras error sin la luz de Dios.
Sino ponemos el olvido como telón, se levantará un gigante tan refinadamente perverso como lo es la culpa, por la cual desciende nuestra escala de valores y el ser humano va decayendo, hasta estratos muy aniquilantes y bajos.
El apóstol Pablo no siempre fue apóstol, pero cuando se encontró con el Señor Jesucristo, manifestó "olvidando lo que queda atrás". Es decir no siguió pensando en los errores pasados. Los enterró a los pies de la Cruz de Jesucristo y siguió adelante, amando y perdonando.
Debemos aprender tal lección: Buscar a Cristo, dejar que Él con Su poder te sane, te limpie, y te cure y te dé una nueva mente y un nuevo corazón, sólo así entenderemos que:
"No hay nada más grato, ni más dulce que perdonar, pero el agravio ha de ser olvidado, porque no hay perdón verdadero sin olvido, que es como no tener conciencia de que te hicieron el daño que te quisieron hacer".
Cuando, nos sentimos dañados, heridos y ofendidos, vale tanto detenernos por un instante y considerar el hecho de que el Señor Jesús tomo toda nuestra humanidad perversa, pecaminosa y mala, y murió en la cruz ocupando el lugar que nos correspondía a nosotros. Nos redimió de todo castigo, de toda pecaminosidad. Murió, para derramar Su Sangre y limpiarnos de toda maldad. La Biblia dice:
"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad"(I juan1:8,9)
Así es, Dios cuando perdona lo hace de tal manera que nunca más están de por medio nuestras iniquinidades y nuestras maldades, por eso dice Su Palabra:
"Él volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará nuestras iniquidades y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados". (Miqueas 7:19)
La fuente del perdón es la misericordia de Dios en la Persona de Jesucristo. Su sacrificio es el precio de nuestra paz, de nuestra tranquilidad de conciencia y de nuestra esperanza de Salvación y vida eterna.
Tan grande es el perdón de Dios que dice:
"...Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades..."(hebreos 8:12)
Dios no dice que olvidará nuestros pecados. Dice "no me acordaré más de ellos". Su promesa de no recordarlos nunca más, es firme. Siendo tú demasiado malo, recuerda que Dios promete perdonar y nunca echarte en cara tu pecado.
Y es que la misericordia y la compasión de Dios son tan infinitas como lo es de incomprensible Su amor por la humanidad.
Jesús amó a los suyos hasta el fin, aún cuando Su Santo Cuerpo pendía en el madero de la cruz, y demostró tal misericordia por los que le ofendían, diciendo:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"(Lucas 23:24)
Ten presente que Dios nunca se cansa de perdonar.
¡Y todos pecamos y pecamos mucho.!
Asi que no se puede dar lo que no se tiene. No puedes olvidar la ofensa si no has estado a los pies de Cristo recibiendo su amor, Su amor y Su sanidad. No puedes pedir perdón si no has recibido la fuerza que sólo Cristo da para ser humildes y mansos de corazón.
Ejemplo grande y perfecto de perdón lo tenemos en el Señor Jesucristo.
La angustia en Getsemaní. Su dolor en el calvario. Su cuerpo roto, Sus manos y pies perforados. Su frente herida, el infinito dolor y la angustia de Su Corazón, son tan infinitamente grandes y divinos; sino ¿Por qué crees que Dios en Cristo, ama y perdona? ¿Por que crees que Dios, en Cristo, sana y liberta?.
Solo la Sangre viva y eficaz de Cristo puede limpiar tu conciencia.
Nunca el ser humano podrá comprender en su magnitud el amor manifestado por el Dios Trino.
Nunca podremos entender su intensa agonía espiritual, aunque pensemos en su sufrimiento físico y emocional.
Tal entrega de Dios, debe ser la motivación más grande para buscarle y ser como Él.
El perdón de Dios trae al hombre libertad de la culpa existencial, del miedo, de la incredulidad, la hipocresía y la maldad. Dios al perdonarnos nos indulta.
El perdón de Dios rompe la barrera de la distancia y de la separación que teníamos con Él, y somos uno con Dios, por medio de Cristo, según dice la Biblia en el libro de Colosenses capítulo 1 versos 3 y 4.
Cuando Dios nos perdona quita de nosotros la fatalidad, y nos da una esperanza segura "incontaminada e inmarcesible"
Cuando Dios nos perdona, nuestra alma se vivifica. La Biblia dice:
"Y a vosotros, estando muertos en pecados, os dio vida juntamente con El, perdonándoos todos los pecados"
Cuando Dios perdona nos da sanidad , pues muchas enfermedades psicológicas son libertadas. El corazón herido es sanado.
Ahora bien:
¿Cómo debemos perdonar? ó ¿Cómo debemos pedir perdón?
Pues, siendo el perdón la expresión de un vínculo perfecto con Dios, es también la expresión real de haber entrado en esa relación maravillosa con Él, por medio de Su Hijo Jesucristo. Y es El Espíritu Santo morando en los corazones de quienes han recibido ese amor Divino, quien guía a las almas a vivir en paz y en armonía con todos.
El Apóstol Pablo, en la carta a los Romanos escribió:
"No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os vengueis, vosotros mismos amados míos...
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal"(Romanos 12:17,20)
Haber recibido el amor de Dios en tu vida, hará que puedas perdonar, o que puedas pedir perdón.
En ambas situaciones se requiere el auxilio de Dios, porque perdonar o pedir perdón es sólo la práctica del Amor de Dios derramado en el corazón rendido a Él.
La persona que perdona es amada y respetada, sus relaciones interpersonales se mejoran y los trastornos emocionales o psicológicos no existen más.
Cuando pedimos perdón, sólo nos estamos ayudando a nosotros mismos, porque estamos soltando las amarras de la culpa y estamos aplastando a ese gigante llamado yo.
Para perdonar no hay límite. El Señor Jesús dijo:
"Y si siete veces al día pecare contra ti y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento: perdónale"(lucas 17:1,4)
Amigo, Amiga:
El perdón viene a ser la tenaza para romper el resentimiento. Es la muleta para terminar con la ira. Es el proyectil para destruir fortalezas de odio, rencor y venganza.
Cuando pedimos perdón nos reconciliamos con nosotros mismos en nuestro interior. El miedo y la cobardía se van.
Saber perdonar es la mayor práctica del amor de Dios en el corazón humano.
Para ser sanos, tenemos que tener una "conciencia limpia delante de Dios y delante de los hombres".
Busca a Cristo y permite que Él sane tu vida, limpie tu alma y pueda librarte de todas las cadenas y puedas decir como el salmista David:
"Antes que fuera yo humillado, andaba descarriado;
Más ahora obedezco Tu Palabra...
Ha sido un bien para mí el haber sido humillado,
Para que aprendiera tus estatutos.'
(Salmo 119:67,71)
Querido amigo, amiga:
Espero que las palabras que hoy compartimos sean de gran ayuda en tu vida, y que así, puedas encontrar la paz que Dios quiere darte, y teniendo esa paz, puedas perdonar con libertad y con libertad pedir perdón, cumpliéndose en ti la Palabra de Dios, que dice:
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonandoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro". (Col.3:12,13)
Todos las cosas son posibles, para el que cree en Jesucristo, y el poder de Su Palabra.
¡Que Dios, en Cristo Jesús, te bendiga!.